El OLFATO – PROVERBIOS 7

“El aceite y el sahumerio alegrarán el corazón…” Mishlé (Proverbios) 27:9

El sahumerio o el ketoret (קטרת ) cuyo valor gemátrico es 7; son los siete brazos de la Menorá; es el séptimo día en que el Eterno descansó e instituyó para nuestra protección terapéutica el Shabat santo, desde la creación hasta el día de hoy. Este número es el perfecto testigo silente de la magnificencia, majestad y soberanía del que todo lo crea, todo lo puede, y que cada día nos muestra Sus maravillas evidenciadas en cada detalle, desde una pequeña partícula molecular, hasta la gran obra de arte que nuestros ojos pueden contemplar en el gran paraguas estelar llamados universos que “flotan” en la plataforma de la nada, donde los techos de agua no se derraman ni gotean.

Y está escrito:

“Tu eres el Eterno, nuestro Di-os, delante de quien nuestros ancestros quemaban el sahumerio de especias en la época en que el santo templo existía, tal como ordenaste por medio de tu profeta Moshe, como está escrito en tu Tora: el Eterno dijo a Moshe: toma para ti especias, bálsamo, ónique aromático y gálbano, especias e incienso puro, las medidas serán
iguales entre si. Con ellas harás sahumerio, una mixtura de especias de obra de perfumero,
revuelto completamente puro y santo. Moleras muy finamente un poco de él, y pondrás
un poco de él, delante de las Tablas del testimonio en la tienda del encuentro donde
me citare allí contigo; santidad de santidades será para ustedes.
Shemot (Éxodo) 30:34-36

Y también se declara:

“Aharón quemará el sahumerio de especias sobre el altar, cada mañana al limpiar las
candelas lo quemará. Y cuando Aharón encienda las candelas por la tarde lo
quemará, un sahumerio continuo delante del Eterno, para sus generaciones.”
Shemot 30:7-8

En esta ordenanza el Eterno asigna a Aharón tan encomiable y altruista labor de encender mañana y tarde el sahumerio, que subiría cada día al estrado de Di-os como olor fragante de especias que se elevan a la salida del sol y el ocaso corre tras de él. Es como provocar al novio que descienda cada noche en la tienda del encuentro donde se citan los enamorados, unidos por la fragancia que sube y desciende y despierta la llama del amor…

Hablemos un poco del funcionamiento de este tan importante sentido del olfato, ya que es el que percibe y recibe la savia, el perfume de este texto.

El olfato es un sentido químico, funciona a distancias mucho mas largas que el sentido del gusto. Las moléculas del olor en forma de vapor que flotan en el aire, llegan a las fosas nasales y se disuelven en las mucosidades. En el epitelio olfatorio las neuronas receptoras del olfato detectan los olores y son capaces de percibir miles de olores diferentes. Estas células transmiten información a los bulbos olfatorios, que en realidad son parte del cerebro encargado de enviar mensajes a los centros mas “primitivos” del mismo, donde se estimulan las emociones y memorias;

son estructuras del sistema límbico, donde se modifican los pensamientos conscientes. Estos centros cerebrales perciben olores y tienen acceso a recuerdos que nos traen a la memoria personas, o circunstancias muy antiguas que llegan a nuestra memoria.

El sentido del olfato es 10.000 veces más sensible que cualquiera de nuestros sentidos, ya que el reconocimiento del olor es inmediato. Otros sentidos, como el tacto y el gusto, deben viajar por el cuerpo a través de las memorias y la espina dorsal antes de llegar al cerebro; mientras que la respuesta olfatoria es inmediata y se extiende directamente al cerebro, este sistema nervioso central está directamente expuesto al ambiente; hoy sabemos que el sentido del olfato está relacionado con los estados de animo, emociones, niveles de excitación, memorias y reacciones físicas.

Un día, en los rosales más exultantes de los jardines del Edén, la brisa y el fuego se encontraron. A lo lejos escuchaban el dulce aroma de un canto con la más exquisita fragancia, y que danzaba con los colores aterciopelados de sus más cálidos pétalos de ensueño.

El aroma y los colores parecían retozar y fundirse, como el agua que se posa sobre la arena para empaparla y mecerla en sus fuertes y húmedos brazos celestes.

La brisa ardía por conocer al fuego abrasador; mientras que el fuego veía un soplo de esperanza en aquella hermosa y translucida dama de los pelos transparentes y ondulantes que parecían alegrarse con su presencia. Fue cuando la savia del amor despertó del letargo que cerraba los ojos de la bella durmiente, y con su delicado dedo tocó el corazón de los nuevos enamorados y por causa de este amor, los colores de las rosas y su fragancia, se incrementaron y preñaron el ambiente con tal fuerza que atravesó los poros de la brisa, y al calor solícito del fuego, lo rebozó de la fragancia que avivó la llama del amor.

Caminaban juntos tomados de la mano cuando se disponían a regresar a la tierra; de repente escucharon una suave voz que salía del aromático y colorido rosal:

– ¿Puedo ir con ustedes?

El fuego miró y vio una rosa sonrojada de timidez y le contestó;

– ¡Claro que no! No ves que estás sembrada en el Edemén y no puedes liberar tus raíces porque de hacerlo, morirías.

– ¡Lo se! – afirmó la tímida rosa. Nunca había experimentado esta sensación que me hizo despojarme de mi vestuario de fragancia y cubrir sus cuerpos con él. La mariposa susurro a mi oído y me dijo que a esta metamorfosis le llaman amor. Por ello quiero ir con ustedes a esa tierra prometida. ¡Corta mis flores, haz un ramillete y llévenme consigo!

La brisa y el fuego cruzaron sus miradas y dijeron:

– ¡Está bien, hagamos como dices!

Así volaron por los cielos de la tierra,a brisa y el fuego, portando en sus manos el más bello ramillete de rosas multicolores y algunos de sus pétalos se desprendían y al caer en la tierra germinaba una tierna y hermosa planta de rosas.

Y dijo la rosa:

– Siémbrame aquí en está tierra prometida para que enamore a los enamorados; aunque yo me marchite, el amor perdurará como prevalece el alma que nace en el mundo intangible, desciende al mundo físico y luego regresa al mundo donde habita la Gracia de Aquel que te modeló con las aguas del amor incondicional.

Cuentan los ángeles a los Tzadikim (justos) que cuando retorne nuevamente a la tierra nuestro Santo Ribi Yehoshúa Ha Mashiaj, olfateará a cada uno de los habitantes de este planeta celeste, buscando a los portadores de la fragancia del Alef Bet que construyen el palacio de la Torah, el cual abrirá sus puertas para recibir al novio en la alcoba nupcial y fundirse en la fragancia más sublime y aquilatada…es el ketoret de tu corazón que subió como olor grato al estrado de sus pies en cada rezo que hiciste, para andar por los caminos inimaginables y cumplir tu propósito, tu misión, como un día pactaste con Él …Y aunque no lo veas… ¡Él está aquí contigo!

Por: Yehoshúa (Jesús) Villarreal I.
Con la autoridad del Rab Dan ben Avraham


YEHOSHUA (JESÚS) VILLARREAL I.

Es Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad del Zulia. Artista sinestésico que conjuga la música,
la pintura y la literatura, cuyas obras están en museos como el MEAM-España, Museo Boca Raton-USA y
el MACZUL-Venezuela. Graduado de la Escuela de Arte Julio Arraga y estudió en el Conservatorio de Música
José Luis Paz en Maracaibo-Venezuela. Jazán de la comunidad B’nei Tzion de Miami.
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Birke Martínez Luis
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Aaahhhh hermoso y consolador. Adoro este modo de hacernos ver la hermosura de nuestro ABBA.